El hipogonadismo masculino representa una disminución de la función testicular, con una baja producción de testosterona e infertilidad.
Si durante la vida fetal los testículos no funcionan, el feto no desarrollará ninguna de las características sexuales masculinas. Antes al contrario, se formarán los órganos femeninos normales. La razón de ello es que la tendencia genética básica del feto, tanto masculino como femenino, es a formar órganos sexuales femeninos en ausencia de hormonas sexuales. Sin embargo, en presencia de testosterona, se inhibe la formación de órganos sexuales femeninos y en su lugar se inducen órganos masculinos.
Cuando un niño pierde sus testículos antes de la pubertad, se produce un estado de eunucoidismo en el cual los órganos y las características sexuales se mantienen infantiles el resto de su vida.
Cuando se castra a un varón después de la pubertad, algunos caracteres sexuales secundarios vuelven a ser los de un niño y otros conservan su carácter masculino adulto.
En el varón adulto castrado, los deseos sexuales disminuyen pero no se pierden, siempre que antes se hayan practicado actividades sexuales. La erección puede seguir produciéndose como antes, pero es raro que exista la posibilidad de una eyaculación, sobre todo porque los órganos formadores de semen degeneran y existe una pérdida del deseo psicológico impulsado por la testosterona.
Algunos casos de hipogonadismo se deben a una incapacidad genética del hipotálamo para secretar cantidades normales de una hormona llamada GnRH. Esto se asocia con frecuencia a una anomalía simultánea del centro del apetito del hipotálamo, que induce a la persona a comer en exceso.