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El placer sexual

A todo el mundo le gusta hacer el amor, porque el placer está al final del viaje. El objetivo buscado por la naturaleza es que nos reproduzcamos. Esto es vital para que la especie humana perdure.

 

El sentido del placer que nos espera nos puede cegar, y hacernos olvidar ciertos riesgos, como no usar el preservativo, la posibilidad de embarazo, contagio indebido…. El placer nos empuja a procrearnos.

 

Una función de base en el placer es también la de empujarnos a volver a empezar. Siempre queremos repetir todo lo que nos es agradable y necesario: comer, beber, encontrarnos con los demás, hacer el amor… Esta substancia química del cerebro, la dopamina, es la responsable de que queramos comenzar de nuevo lo que nos resulta agradable.

 

Sentir y dar placer sexual es afirmarse como hombres o mujeres. La prueba es que las personas cuya vida sexual está vacía o no es plena, dicen no sentirse enteramente hombres o mujeres. Les falta algo importante. La plenitud sexual confirma nuestra identidad sexual, nuestro poder se seducción, nuestra capacidad para ser amados.

 

El placer sexual es un antidepresor muy eficaz. Los amantes felices se sienten bien en su propia piel y son capaces de construir un proyecto de vida. Sin placer, podemos caer en el agujero de la depresión. En ese fondo ya no se siente ningún tipo de placer por vivir. El orgasmo distiende, y baja los niveles de estrés, inundándonos de hormonas del bienestar.

 

El placer compartido nos hace únicos en el mundo. Cuando amamos, nos convertimos en la persona capaz de hacer feliz al otro. Y esta emoción compartida es un tesoro que se debe saborear entre dos. Por eso, hacer el amor no sólo es un gesto sexual, sino construir una relación preciosa y privilegiada.

 

El placer rebaja las dificultades. El entendimiento entre un hombre y una mujer no es ninguna conquista segura. Diferencias, incomprensiones, divergencias de opinión, de proyectos… Todo indica que vivir juntos es un combate continuo. El placer está ahí para suavizar la vida entre dos personas. Para inclinar la balanza del lado positivo, el placer es el azúcar que se puede añadir para superar una vida que, en ciertos momentos, puede ser dura.

El orgasmo es el momento culminante del placer sexual, por eso consiste en una de las principales cuestiones de la sexualidad tanto en hombres como en mujeres. Sin embargo, es una cuestión en la que no hay que obsesionarse, ya que la obsesión por llegar al orgasmo puede crear el efecto contrario.

Antes de que se produzca el orgasmo la concentración de la sangre en los genitales se eleva al máximo haciendo que los músculos de los genitales tengan contracciones durante el momento del máximo clímax sexual. En el caso del hombre, se produce la eyaculación en el momento del orgasmo.

Después de momentos de tensión sexual durante la relación sexual, la persona llega a un estado de clímax extremo que frecuentemente llega a dar lugar al orgasmo mediante la excitación sexual.

Para llegar al orgasmo, lo mejor es concentrarse en una relación sexual placentera buscando el disfrute de ambas personas en la relación sexual, no simplemente en busca del orgasmo como fin sino en busca del disfrute sexual. En ese caso, el orgasmo vendrá solo y será mucho más placentero.

No hay que obsesionarse por llegar al orgasmo, ya que la obsesión de las personas que no experimentan el orgasmo puede llevar a una situación en busca del orgasmo que produce insatisfacción sexual y podría llegar incluso al repudio del acto sexual.

Para llegar al orgasmo simplemente intenta disfrutar con tu pareja sexual y haz que tu pareja también disfrute, sin pensar en nada más, sin ir a la caza del orgasmo. Aunque hay muchas mujeres que a lo largo de su vida no han experimentado un solo orgasmo pueden llegar a experimentarlo teniendo en cuenta estos parámetros. Además, el sexo no es sólo el orgasmo.